Los resultados de los ballotages en las disputas municipales brasileñas confirman el panorama general expresado en las votaciones del 2 de octubre: el sistema político brasileño, tras el golpe de M. Temer, profundiza aún más su tendencia a la fragmentación y, consecuentemente, a la inestabilidad. No es un aspecto secundario: con un sistema político atravesado por la ilegitimidad de su Poder Ejecutivo, con un Poder Legislativo cada día más acorralado por las causas judiciales de sus miembros y un Poder judicial altamente cuestionado (en sus diversas instancias) por la arbitrariedad de sus actuaciones, la circunstancia se torna altamente compleja para reconducir la situación del país, siendo que Brasil atraviesa uno de sus más constantes ciclos recesivos de su historia económica. Contexto que, si se imponen las opciones que intenta llevar adelante el Gobierno de M. Temer, podría hacer retroceder el panorama social del país de una forma drástica y dramáticamente inequitativa.

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