El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King pronunciaba su célebre discurso ante más de 200 mil personas en Washington: “Sueño que un día los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad”. Fue el punto más alto en la lucha por los derechos civiles, y el discurso resonó muy fuerte en el alma y en el cuerpo de millones de estadounidenses. La victoria de Donald Trump supone un retroceso de medio siglo.
¿Cómo pasamos de aquellos años en los cuales los jóvenes y muchos trabajadores sindicalizados luchaban contra la guerra de Vietnam, las mujeres iniciaban la lucha feminista y los negros desmantelaban las leyes de segregación racial, a la pesadilla racista, machista y xenófoba que encarna Trump? ¿Cómo y cuándo nos perdimos? Si el trumpismo llegó al poder, es porque antes nos perdimos de nosotros.
Lo primero, es reconocer que ha nacido una nueva derecha, militante, con amplio apoyo popular y de masas.

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