Nueva partida en el póker de los comicios presidenciales en Francia: un diputado rebelde es desde este domingo el candidato al Elíseo del Partido Socialista; el favorito de las quinielas electorales, el conservador François Fillon (Les Républicains), pierde adeptos tras saberse que su mujer cobró medio millón de euros por unas labores de asesora que no desempeñó; la ultraderechista Marine Le Pen (Frente Nacional) también pierde impulso, pues presumía hasta la semana pasada de inspirar las medidas que aplica Donald Trump y que están generando rechazos de todo tipo a nivel global; y el liberal Emmanuel Macron suspira de alivio al verse en la tercera posición de unos sondeos que dejaron de tener puntería hace tiempo. La incertidumbre está servida.
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| Benoît Hamon, nuevo candidato del Partido Socialista francés a la presidencia |
Sin embargo, la victoria de este ex ministro de Educación “soñador utópico”, tal y como lo definían Valls y otros rivales internos, vuelve a situar al Partido Socialista galo como una opción válida y esperanzadora a ojos de muchos votantes de izquierda. El inesperado sucesor de Hollande para representar a los socialistas defiende una renta básica para jóvenes de entre 18 y 25 años, propone tasas a los robots para contrarrestar la desaparición de puestos de trabajo automatizados, quiere reducir la jornada laboral de 35 a 32 horas semanales, promete derogar la reforma laboral y aboga por abrir las fronteras a los refugiados, medidas inconcebibles para el actual ejecutivo socialista, incluido el ex primer ministro barcelonés Manuel Valls.

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