La decisión del ultraderechista Donald Trump de levantar un muro en la frontera de Estados Unidos con Méjico, ha unido al pueblo mejicano en una reacción de condena y de llamamientos a la resistencia y de exigencia de que las instituciones hagan frente a la amenaza que viene del imperio. Por el país circulan mensajes de exaltación de lo mejicano y de boicot a los productos norteamericanos. La pregunta puñetera es: ¿es bueno o malo este nacionalismo de defensa de lo propio y de la soberanía? Creo que no sólo es legítimo sino que además es necesario. Elogio este nacionalismo frente al poderoso. De la misma manera que no me gusta el gran nacionalismo mejicano cuando aplica medidas discriminatorias a sus pueblos indígenas y a la población emigrante de su frontera sur. La conclusión es la siguiente: el nacionalismo democrático frente al sometimiento que viene de los grandes nacionalismos imperiales o estatales es saludable y conveniente.
La historia de América Latina está plagada de reacciones y movimientos nacionalistas emancipadores necesarios. A los nacionalismos implantados en países y en referentes históricos como Túpac Amaru, Bolívar, San Martín, Morazán, José de Sucre, José Martí, Carlos Manuel de Céspedes, Artigas, Sandino y tantos y tantos, se une un nacionalismo latinoamericano en torno a la idea de Patria Grande que busca su integración sin disolver las soberanías nacionales. Frente al poderoso vecino del norte, insaciable en su afán por dominar todo el continente y poner y quitar gobernantes, estos nacionalismos han sido decisivos para la construcción de naciones con soberanía. De manera que cuando desde la ignorancia o la perversión se hacen condenas generales al nacionalismo, se está haciendo una manipulación conceptual históricamente inconsistente. Volviendo al principio: ¿es bueno o malo el nacionalismo mejicano que defiende los intereses del país frente a las amenazas de rasgos fascistas que está sufriendo?

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