diumenge, 20 d’agost del 2017

La profunda grieta que aún divide a Estados Unidos


La demora del presidente Donald Trump en condenar el ataque en Charlottesville del sábado pasado y las fuertes críticas que despertó su tibio comunicado en que pone en un mismo nivel a racistas que a antirracistas, sumado a los enfrentamientos que todavía despierta el enfoque sobre la guerra civil, revela que hay una profunda grieta en Estados Unidos que no se ha cerrado en más un siglo y medio. Y precisamente este año se cumplieron 140 años del fin de un proceso virtuoso en el sur esclavista que había llevado a la igualdad de derechos entre negros y blancos por la que habían muerto cerca de un millón de norteamericanos en la terrible guerra de Secesión.




Como se sabe por cientos de filmes de Hollywood, los estados sureños intentaron hacer rancho aparte de la Unión al negarse a terminar con el sistema de esclavitud, una de las promesas de Abraham Lincoln en su campaña electoral. Es así que en noviembre de 1860, tras el triunfo del candidato republicano (si, aquellos republicanos eran antiesclavistas, mientras que los demócratas eran esclavistas), Carolina del Sur anunció que se separaba de la Unión. Para febrero de 1861 siete distritos habían conformado los Estados Confederados de América.

En pocos meses los confederados eran 11 estados (Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkanzas, Carolina del Norte y Tennessee).

Tras un infierno de cuatro años, el 9 abril de 1865 el general Robert E. Lee se rinde y comienza otro período en la historia de Estados Unidos. Un período que ya no protagonizará Lincoln, asesinado cinco días después de este acontecimiento, durante una función a la que había asistido en el Teatro Ford de Washington por un actor virginiano supremacista, John Wilkes Booth.

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