divendres, 8 de desembre del 2017

Jerusalén como símbolo del fracaso europeo


La declaración de Donald Trump sobre Jerusalén es un nuevo clavo en el ataúd palestino. Estados Unidos se aparta de la diplomacia consensuada de los últimos años con una decisión que va a alimentar la inestabilidad en la región, y que con toda seguridad va a trasladar esa inestabilidad a Europa.

Cuando el primer ministro de Israel David Ben Gurion quiso trasladar la capital de Israel desde Tel Aviv a Jerusalén en 1949, es decir un año después de la creación del estado judío, varios miembros de su gobierno le dijeron que era una provocación, especialmente una provocación dirigida contra los de Estados Unidos.


Palestinos queman las banderas de Israel y EEUU en Gaza.

Sesenta y ocho años después, Donald Trump ha decidido dar un carpetazo al consenso internacional y declarar Jerusalén como capital de Israel. Eso no significa que vaya a trasladar la embajada de Tel Aviv inmediatamente, pero despeja el camino para una decisión ulterior en ese sentido del propio Trump o de alguno de los futuros inquilinos de la Casa Blanca.


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