La declaración de Donald Trump sobre Jerusalén es un nuevo clavo en el ataúd palestino. Estados Unidos se aparta de la diplomacia consensuada de los últimos años con una decisión que va a alimentar la inestabilidad en la región, y que con toda seguridad va a trasladar esa inestabilidad a Europa.
Cuando el primer ministro de Israel David Ben Gurion quiso trasladar la capital de Israel desde Tel Aviv a Jerusalén en 1949, es decir un año después de la creación del estado judío, varios miembros de su gobierno le dijeron que era una provocación, especialmente una provocación dirigida contra los de Estados Unidos.

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