Lolita Chávez (Santa Cruz de Quiché, Guatemala, 45 años) lo siente. Convive con el animal del miedo. Y lo sienten también todas las mujeres de su comunidad. Y las abuelas. Muchas han muerto por hurgar en la injusticia, por tratar de abrir una brecha en el castillo de la impunidad. Las últimas fueron dos compañeras que antepusieron sus cuerpos al avance de las empresas mineras y madereras. En Guatemala se cometen desde hace 17 años crímenes atroces contra mujeres, en su inmensa mayoría indígenas mayas, jóvenes, trabajadoras, morenas y con el pelo largo.
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Durante la entrega del premio en Estrasburgo a la oposición venezolana, usted rompió el protocolo con un gesto muy simbólico, ¿cuál fue?
Sí, me levanté de la silla y mostré un cartel contra las transnacionales. Lo pensamos con mi pueblo porque era un reconocimiento a mi comunidad. Lo que sucedió fue que, al conocerse mi nominación, otros territorios de Honduras, Costa Rica, México, El Salvador, Argentina, Chile y hasta de Brasil contactaron conmigo para pedirme que aprovechara la cita y mostrara a Europa lo que están padeciendo los pueblos originarios de Latinoamérica por culpa de las empresas transnacionales, muchas de ellas europeas. Fue una cadena de expresiones de protesta muy grande y emocionante. Cuando me explicaron que en el protocolo de la ceremonia yo estaba como invitada especial sin posibilidad de hablar, pedí consejo a las mujeres de mi comunidad y se acordaron dos propuestas de forma colectiva. Una era que si no iba a hablar era mejor que no fuera. La otra era que si acudía encontrara una manera de visibilizar los motivos que me habían llevado hasta allí. Era desafiar el protocolo mostrando nuestra expresión originaria de Abya Yala, en lugar de América, y nuestra lucha contra las transnacionales

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