Recibes un burofax cuando queda alrededor de un mes para que venza tu contrato de alquiler: no te lo van a renovar. No hay opción de negociar, ni siquiera con una subida de la mensualidad. "Lo que quiere hacer la propiedad es reformar los pisos y venderlos a un precio más alto", lamenta Bea Pierrá, la primera vecina del bloque de la calle Urgell, 9, que se enteró de que la finca en la que vive junto con otras 20 familias iba a ser adquirida por una firma, Darnic Trade S. L., con esa intención.
Así suele empezar el relato de muchos inquilinos en Barcelona que han visto en los últimos meses como promotores inmobiliarios y fondos de inversión compraban el bloque en el que viven para especular con él. En la calle Entença, 151, sólo quedan tres vecinos con contrato vigente de entre los 12 que habitan el inmueble. Además de Juan Gómez, que tiene un contrato de renta antigua: "A mi me dejan para el final, cuando no quede nadie, a ver como van a echarme", se pregunta.
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| Juan Gómez, vecino de la calle Entença 151 |
Una nueva toponimia aflora en la capital catalana. Urgell 9, Entença 151, Aragó 477, Parlament 1, Lancaster 13... El tejido vecinal de distintos barrios de Barcelona, junto con entidades como el Sindicato de Inquilinos o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), se ha activado para luchar contra lo que llaman "desahucios invisibles". "No sabemos cuantos casos hay porque solo nos enteramos de los que acuden a nosotros", lamenta Vladimir Olivella, de la plataforma Fem Sant Antoni, uno de los barrios donde más se ha denunciado la gentrificación.

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