¿Qué emociones experimenta una persona obligada a exiliarse? ¿Cómo afecta a su vida, sus relaciones, su identidad o sus condiciones socioeconómicas el verse obligada a dejar su hogar, su familia, su trabajo y su país, a veces de la noche a la mañana? ¿Son estas vivencias experiencias humanas universales que trascienden momentos históricos y espacios geográficos concretos?
Estas son algunas de las preguntas que en 2014 planteamos desde CEAR-Euskadi y Gernika Gogoratuz en un proceso de encuentros y diálogos que impulsamos conjuntamente y en el que participaron colectivos de personas refugiadas y diferentes agentes vinculados a la memoria histórica y los derechos humanos. Queríamos poner en diálogo la experiencia vivida por el exilio vasco durante la Guerra Civil y la represión franquista, y la de las personas que hoy llegan a esta tierra desde otras geografías en busca de seguridad y refugio.
El objetivo era defender el derecho de asilo a través de un ejercicio de memoria colectiva y encuentro
Los motivos que empujan a alguien a exiliarse son muchos. Huir de la persecución racial, la guerra, la miseria, de un matrimonio forzado o de la violencia tránsfoba. Cada una de las historias del exilio humano es diferente en su crueldad
Ante las circunstancias impuestas que conlleva el exilio, ¿cómo salir adelante? ¿Cuáles son los recursos que se ponen en juego para sobrevivir? Las personas refugiadas no son simplemente víctimas de una realidad que les sobreviene; están cargadas de saberes y fortalezas
Hoy toca acoger más y mejor. No solo porque lo digan los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por las autoridades, sino porque hay una responsabilidad histórica. Acoger no es solo alojar. Implica abrazar, acompañar, compartir, convivir. Aprendamos de nuestra historia. Fuimos exilio. Seamos refugio.

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