A las empresas transnacionales (ETN), exponentes claros del capitalismo globalizado, lo que les importa, por encima del respeto a los derechos humanos, es la maximización de sus beneficios. Para conseguir este objetivo no respetan derechos sociales, laborales y medioambientales y privatizan servicios públicos como la salud, la educación, el agua, los transportes, las comunicaciones, etc., en perjuicio de la clase trabajadora y la ciudadanía más vulnerables.
A lo largo de la historia del capitalismo, desde sus inicios en la época de los “descubrimientos” hasta la sociedad globalizada actual, sin olvidar el mercantilismo y la industrialización, el instrumento fundamental de su poder de dominación ha sido y es una violencia estructural masiva “la partera de la historia” (tal como la denominó Marx), que se manifiesta continuamente en conflictos comerciales, bélicos, golpes de Estado, desarrollo desigual entre países y regiones, clases sociales, hombres y mujeres, así como en explotación laboral, paro, pobreza, exclusión de millones de personas y destrucción del medioambiente.

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