Las huellas más visibles de las dictaduras impuestas por Estados Unidos en Latinoamérica, se pueden ver todos los días en los miles de migrantes que se ven obligados a salir de sus países de origen para buscar salvar sus vidas, y obtener techo y comida en Estados Unidos; que es presentado por los expertos en el engaño como la Meca, como el agua que calma la sed, como la tierra de ensueño donde todos los anhelos se hacen realidad.
Una Latinoamérica empobrecida por los gobiernos neoliberales post dictaduras conformados por turbas de corruptos y saqueadores; que han creado bandas de narcotráfico y trata de personas que operan desde el corazón mismo del Estado, hacen de este peregrinar la peor de las torturas para quienes logran sobrevivir a este trayecto en su camino hacia Estados Unidos. Sumado el actuar de la Patrulla Fronteriza que hace un festín con la carne migrante, en todos los sentidos.
Pero la tragedia no está solamente en la frontera entre Estados Unidos y México, ésta viene siendo una de las mil vidas que pierden en su deambular migrante. La desgracia está en el país de origen que los ha violentado negándoles oportunidades de desarrollo y el acceso a una vida integral. Un Estado que los excluye y los estigmatiza, que los mata en hambrunas y en limpiezas sociales. Que los desaparece en la trata de personas con fines de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos. Muertos en vida migran, para morir mil veces más en el trayecto; y ser en el país de llegada la mano de obra barata que también es explotada y violentada.

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