En el marco del rechazo de la Ley por la Interrupción Voluntaria del Embarazo se lanzó la Campaña Federal por la Separación de la Iglesia y el Estado. La iniciativa surge debido a la fuerte injerencia que tuvo la institución religiosa durante todo el proceso de discusión y votación de la ley, impronta que quedó claramente reflejada en algunos discursos misóginos y denigrantes hacia las mujeres. El argumento principal de la Campaña radica en el reclamo porque la Iglesia deje de inmiscuirse en decisiones que involucren al pueblo.
A pesar de que desde hace algunos años la Iglesia católica está perdiendo legitimidad entre la gente, todavía cuenta con un poder incomparable a nivel mundial y con un lugar indiscutible en las decisiones políticas. Según la Constitución Nacional, el Estado argentino está obligado a sostener “el culto católico apostólico romano”, lo que significa que, aunque el Estado sea laico y garantice la libertad de culto, se le exige una responsabilidad por cuidar las necesidades de la Iglesia católica.
“Iglesia y Estado asunto separado” es la insignia de los pañuelos naranjas y refiere a terminar con esa vinculación financiera y moral que obliga al Estado a sostener económicamente a la Iglesia, lo cual, a su vez, allana el camino para su intromisión en decisiones políticas. La consigna principal de la Campaña Federal para la Separación de la Iglesia del Estado, apunta a un Estado laico, donde el ámbito público y el privado vayan por separado y donde ninguna religión interfiera en las decisiones políticas. Tras la votación en el Senado, la Campaña comenzó a difundir actividades como intervenciones, debates, apostasías colectivas, y el avance de un proyecto de ley con referentes en temas legales.

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