Uruguay pone a prueba su resiliencia frente a choques externos. El estrés financiero generado en los mercados de divisas, que en los últimos días ha estremecido particularmente algunas monedas locales de varios países latinoamericanos, ha vuelto a poner de relieve la inherente vulnerabilidad del pequeño país sureño cuando una tormenta se acerca desde el horizonte. Y no es para menos.
Uruguay tiene, al menos, dos grandes vecinos tan complicados como imprevisibles: Brasil y Argentina, cuyos panoramas generales empeoran con el pasar de los días pese -o gracias- a las políticas de sus respectivos gobiernos. Si bien en los últimos años Uruguay ha reducido su dependencia de ambos países al diversificar su economía, los riesgos de contagio parecen seguir latentes si se produce un gran estornudo.
Esta situación explica la reducción de las expectativas de crecimiento. Si en 2017 la economía experimentó una expansión del 2,7%, para 2018 el desempeño no sobrepasará el 2,5% pese a que el Gobierno, a inicios de año, se había fijado una meta de 3%. Desde el Ministerio de Economía, el recorte ha sido calificado de “realista”, dado el escenario de volatilidad.

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