Permitidme que os tutee, a vosotros que siempre tratabais de tú a vuestros subordinados, para entendernos mejor en el plano de igualdad en que nos ha colocado nuestra condición de retirados. He sido y soy militar por vocación, y si pertenecí a las fuerzas armadas española en las postrimerías del franquismo, no lo hice por adherirme como soporte de la dictadura, si no por coherencia con mis propias habilidades y expectativas personales, porque el ejercicio de la profesión de militar no es prerrogativa de ningún general, por muy generalísimo que sea, ni de ningún régimen por mucha intención que tengan de patrimonializar la carrera militar.
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Franco en una visita al Valle de los Caídos junto al arquitecto, Pedro Muguruza Otaño
Vais por seiscientos los que habéis firmado el Manifiesto pro defensa de la memoria del general Franco, El Franco militar y no el político”, según decís en vuestro escrito, como si fuera posible la paranoica tarea de deslindar el Franco-militar del Franco-político-dictador, queriendo quedaros con el segundo teniente de 17 años y con el general de treinta y tres, como enaltecido ejemplo de disciplina y demás valores militares, renunciando a la carga histórica personal del resto de su legado. ¿Disciplina decís…? Recordemos cómo fue aquello.
En los cuatro días posteriores al decreto de 23 de abril de 1931, como todos los militares de carrera, el general Franco realizó públicamente la siguiente promesa: “Prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, cumplir sus leyes y defenderla con las armas”, el más importante y solemne compromiso que vinculaba a un militar con el ejercicio de su profesión. Nada perdía quién no lo hiciese, porque la ley respetaba sus pagas al abandonar las fuerzas armadas. Y no obstante Franco prometió. El 18 de julio de 1936, este mismo general levanta contra la República las armas que esta le había confiado para su defensa. Estamos ante la comisión del más grave delito que un militar pueda cometer, por el que renuncia al honor como un valor moral para guiar sus actos en todos los sentidos de la vida. Así que Franco no fue disciplinado, si no un traidor.
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