La lucha de ‘las kellys’ comenzó hace unos cuantos años, cuando se levantaron en pie de guerra contra las condiciones abusivas de su trabajo. Denuncias en las que constaba que cada una de ellas debía arreglar y limpiar más de cien habitaciones al día para poder cobrar un salario mínimo, consecuencias físicas y psicológicas, y condiciones abusivas en los contratos en uno de los sectores que mueve la economía española: el turismo.

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