Si bien Perú aprovechó de forma notable el boom de materias primas para reducir la pobreza, que pasó de 57% en el año 2004 a 20% en 2016, jaqueado hoy por una enorme corrupción económica y política, parece estar llegando a la descomposición republicana. En Perú, la corrupción y el tráfico de influencias están enquistados no solo en el alto gobierno sino también en el Poder Judicial, en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) y todo el sistema de administración de justicia, además de tener un Estado secuestrado por una mafia: los audios revelados solo sacaron a la luz un secreto a voces.
Desde el ajuste neoliberal de 1990, el llamado “capitalismo de amigotes” significó que para que las grandes empresas hicieran buenos negocios eran indispensable las relaciones privilegiadas en el Estado, y el control de las instituciones democráticas. Las coimas, sobornos y otras ventajas quedaron reveladas en los últimos meses y salpican los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Es lo que los analistas definen como una crisis sistémica, de gobierno, régimen y Estado.


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