La periodista Lívia Lima preparaba un sábado la comida en su casa de la zona este de São Paulo, Brasil. Con una lata de cerveza en la mano, Lívia también estaba pendiente de la lavadora y participaba en una reunión para cumplir un desafío: expresar con palabras qué significa ser una mujer de la periferia.
Era diciembre de 2013. Lívia recibía a un grupo de amigas, también periodistas y residentes de las periferias, en el patio de su casa. De experiencia en experiencia se creó uno de los primeros textos del colectivo, llamado cariñosamente “Manifiesto”.
“Somos las que vamos al centro médico a por medicamentos y para programar cita para dentro de cinco meses. Somos las que recogen firmas para exigir guarderías. Somos quienes trabajan juntas en la obra y hacemos la comida. Somos quienes denunciamos que la vecina sea maltratada por su marido. Somos amor, perdón, paciencia, dulzura, fortaleza. Somos esperanza. ¡Somos Nosotras, mujeres de la periferia!”.

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