Apoyando la cabeza sobre los márgenes de un sofá custodiado por un cuadro de los históricos líderes kurdos Masud Barzani y Jalal Talabani, Bazan intenta ahogar sus horas a base de té, caladas y fútbol en un bar de Duhok, en el Kurdistán iraquí, ajeno al acto electoral que acoge la plaza de al lado y que se deja entrever entre las ventanas del local.
Como a tantos otros ciudadanos de la región, a Bazan no le sobra nada excepto tiempo, pero aun así no piensa ir a votar a las elecciones que el Kurdistán celebra hoy para renovar los 111 asientos de su Parlamento, una empresa para la que se han postulado poco menos de 800 candidatos y cuyo destino estará determinado, en gran medida, por la abstención.
Los comicios llegan en un punto delicado para la región, que lleva meses resintiéndose de la brutal embestida política y militar ejecutada por Bagdad como respuesta al referéndum de independencia que celebraron el 25 de septiembre de 2017, mientras las cicatrices de los cuatro años de guerra contra el Estado Islámico siguen bien abiertas.

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