dimecres, 28 de novembre del 2018

Crónica desde la caravana centroamericana: Tan lejos de Dios... y de Estados Unidos



Eyer Mauricio Mancia Arana, de San Pedro Sula, en Honduras, observa la frontera de Estados Unidos desde la playa de Tijuana. Ahí, al otro lado del muro, se encuentra ese lugar mágico, aparente solución a todos sus problemas, tierra prometida para cientos, miles de migrantes centroamericanos que caminan desde hace un mes en la ya famosa “caravana”. Puede ver, pero no pisar. Tan cerca, tan lejos. Este hombre de 34 años que camina con su hijo Ezequiel, de cinco, no sabe qué hacer. Según Google Maps, el camino más corto para llegar desde la segunda localidad hondureña hasta el municipio fronterizo mexicano es de 4.386 kilómetros. Pero ellos han recorrido muchos más. Han serpenteado por Guatemala y los estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Querétaro, Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Sonora y Tijuana. Han caminado bajo el sol, dormido bajo la lluvia, avanzado trepados a un camión. Se han enfermado, han pasado hambre y suplicado por un transporte. Han hecho historia y, a pesar de ello, ahora les llega el tramo más difícil. La gran decisión: qué hacer. Cómo cruzar. Escoger bien la estrategia para que las autoridades de Estados Unidos acepten la petición de asilo político que Mancilla Arana se trae bajo el brazo.

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