El G20 nació durante la crisis de 2008, con el objetivo de evitar ‘otra catástrofe’ como la de los años ‘30. Sin embargo, el panorama ha cambiado. En los últimos diez años, el ‘consenso global’ impuesto por las potencias se ha debilitado frente a un claro ascenso de China y Rusia. La globalización como paradigma civilizatorio es puesta en cuestión, nada más y nada menos que desde EE. UU. Con Donald Trump, el liderazgo estadounidense se ha tornado cada vez más unilateral (realismo puro), haciendo inútiles, en la práctica, a los organismos multilaterales (íconos del liberalismo). Pero no estamos ante un retorno al realismo que caracterizó parte de la Guerra Fría, sino frente al surrealismo del América First de Trump, definido por la diplomacia del Twitter, la estética del show y una tendencia a la toma de decisión ‘intuitiva’, cercana a lo irracional –que, aunque probablemente responde a intereses concretos, lo hace por una vía poco ortodoxa y confusa-.
Desde su llegada al Gobierno, Trump irrumpió con una diplomacia de lo políticamente incorrecto y con un enfrentamiento directo con los países que le disputan hegemonía, no sólo a nivel mundial sino en América Latina: China y Rusia.

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