En la Argentina el 16% de los menores de 5 a 15 trabajan para un patrón, porcentaje que sube al 40% en el caso de los adolescentes de 16 y 17 años. Cifras similares reflejan los informes de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) en todo el mundo.
Durante la revolución industrial en el siglo XIX la introducción de nuevas máquinas redujo la fuerza física necesaria para ciertas tareas. Lo cual facilitó el ingreso de niños y mujeres a la industria en reemplazo del obrero varón, quien encontró a partir de ese momento a sus propios familiares como competidores directos dentro de las fábricas.
Con el ingreso de niños y mujeres como fuerza de trabajo a la producción, los capitalistas se apropian de un mayor plusproducto o plusvalor que genera cada nuevo trabajador. Por ende, esta masa de trabajo excedente, supera el pago total de los nuevos salarios. Es así que al capital le resulta un buen negocio contar con fuerza de trabajo de niños y mujeres siempre disponible.

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