Tras el implacable informe de los expertos climáticos de la ONU, esperábamos una cosa de la Cumbre Climática de este año: ambición. La COP24 tenía que servir para intensificar los compromisos nacionales de reducción de emisiones para alinearlos con las advertencias científicas. Hoy por hoy los compromisos climáticos actuales nos llevan a un aumento de temperatura superior a los 3ºC, lo que supondría no cumplir con el acuerdo climático de París, con su objetivo de 1,5ºC, y provocaría gigantescas pérdidas económicas, sociales y ecológicas a escala mundial.
Sin embargo, la COP24, en lugar de apostar por una acción alineada con la ciencia, ha vuelto a terminar con un resultado decepcionante. ¿Cómo es posible? Por la nefasta combinación entre por un lado el trumpismo climático y por otro la falta de liderazgo de actores como la UE.
Por un lado, el ‘trumpismo climático’ ha irrumpido con fuerza en forma de ‘fake news climáticos’, negación de las evidencias científicas y ruptura del multilateralismo, poniendo los intereses cortoplacistas nacionales siempre por delante. Es una muestra del proceso de extrema derechización de la geopolítica mundial al que asistimos, con el alzamiento de fuerzas reaccionarias que, pese a negar el cambio climático, se alimentan de sus consecuencias como son la inseguridad, la inestabilidad, las desigualdades, las migraciones climáticas o los estados de shock tras catástrofes climáticas.

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