En un ambiente político enrarecido y viciado, presagio de tormentas y vendavales, el partido del gobierno está incumpliendo lo que prometió en la oposición. Desde muchos lados se achaca al partido socialista que esté utilizando el gobierno como plataforma electoral pensando que, a través de algunos gestos izquierdistas, pueda recuperar la credibilidad de un electorado perdido. Pero tienen razón los independentistas catalanes: los gestos no son suficientes. Los sindicatos también lo han dicho con toda claridad: hay que comenzar a derogar la reforma laboral y emprender acciones contra la situación intolerable de pobreza y precariedad laboral que existe en nuestro país.
No existe un propósito de política de largo aliento en educación. Siempre se dice que la educación es lo más importante pero no es cierto ya que las debilidades de nuestro sistema educativo son crónicas e intolerables para un país con un PIB como el español y lo que produce más desasosiego es que ni los partidos políticos, ni la sociedad en su conjunto, se interrogan, de forma radical, sobre el futuro de la educación. El negocio de la educación ya se ha consolidado en España y la red escolar se ha dividido en un complicado puzle que erosiona la igualdad y la cohesión social. Se podrá decir de mil maneras y de mil maneras se ha dicho: en España existe una segregación social en el acceso a la educación intolerable, constituyendo la educación el primer factor de reproducción de la desigualdad, después de la renta.

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