El próximo 8 de marzo volvemos a convocar y a estar convocadas a una huelga feminista general: laboral, de estudios, de cuidados y de consumo. Esta última, la huelga de consumo, tiene un especial valor para ayudarnos a tomar conciencia y hacer visibles nuestras críticas a las prácticas de producción, distribución y contaminación, que provocan grandes impactos ambientales, mercantilizan la vida y explotan o hacen invisibles trabajos de cuidados, usualmente llevados a cabo por las mujeres.
Más en concreto, la huelga de consumo anima a no comprar, por ejemplo, ropa en H&M o fresas de los invernaderos de Huelva donde se explota a trabajadoras migrantes. El objetivo de estas propuestas no es acabar en un solo día con el orden económico neoliberal patriarcal (¡aunque no sea por falta de ganas!) sino permitir dar visibilidad a, por ejemplo, la última huelga de las trabajadoras textiles de Bangladesh, o denunciar la situación de las temporeras marroquíes de la fresa. De hecho, estos dos ejemplos no son casos aislados, sino que muestran una matriz común de la explotación capitalista del medio ambiente y los cuerpos y los trabajos de las mujeres, especialmente las marginalizadas por cuestiones de raza, clase, etc.

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