dissabte, 9 de març del 2019

Por la equidad de la mujer en todo el mundo


Ser mujer no debe suponer tener prebendas, pero tampoco ser infravaloradas. Yo soy mujer y no pido nada más que lo que me corresponde por ser “persona”: si hago un examen, debo recibir una calificación, si efectúo un trabajo, la valoración debe estar por encima de mi condición de fémina. A eso se llama, sin más, ser justos.

Sin embargo, a día de hoy, no queda más remedio que hablar de empoderamiento de la mujer, porque, en demasiados países, sigue ocupando el último rincón, si es que ocupa alguno.



A quienes piensan (hombres y mujeres) que la prensa es pesadísima con el tema mujeres, y que las féminas se quejan de vicio (hay quien las llama “feminazis”, les pediría que sean un poco más objetivos y no miren solo a las que pasan por su calle, su ciudad o su país. Hay mujeres radicales, como los hay entre los hombres, pero ni todo es radicalismo ni todo victimismo.

La realidad es que:

en 18 países, los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen; en 39 países, las hijas y los hijos no tienen los mismos derechos hereditarios y 49 países carecen de leyes que protejan a las mujeres de la violencia en el hogar.
el 19 % de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años de edad ha experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja en los últimos 12 meses.
A nivel mundial, 750 millones de mujeres y niñas se han casado antes de cumplir los 18 años de edad y, al menos, 200 millones de ellas en 30 países distintos han sufrido mutilación genital femenina.


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