El 3 de febrero de 2019 el joven candidato presidencial Nayib Bukele se alza con la victoria electoral en primera vuelta. Y esto sucede contra todo el pronóstico de la derecha, pero de acuerdo con los resultados de múltiples encuestas de opinión. ARENA se negaba a creer lo que le gritaba la realidad, y confundió deseos con realidades, creyendo que con giras turísticas diarias de su candidato presidencial Carlos Calleja iban a resolver el problema del desgaste político prolongado y así lograr el triunfo electoral.
La pretensión de comprender esta victoria electoral de Nayib Bukele, a partir de su perfil ideológico o mediático en su caso, no logra explicar la complejidad de este vertiginoso ascenso al poder político así como su proyecto político.
Representará una vía de centro-izquierda y pro mercado (socialdemócrata) en oposición a la izquierda de los gobiernos nucleados en el ALBA. Es además un bonapartismo sui generis el que presenciaremos del 2019 al 2024. El gobierno Bukele será anti oligárquico pero no antiimperialista; pro empresarial pero no necesariamente neoliberal.
Y tomando en consideración que presenciamos el nacimiento de un nuevo bloque de poder en el país hegemonizado políticamente por el partido Nuevas Ideas y socialmente por sectores no oligárquicos del capital local, en particular de origen árabe y la determinante influencia del capital transnacional. Asistimos a la recomposición del bloque hegemónico también a nivel regional centroamericano, presenciamos el cierre de un ciclo histórico.
También seguramente presenciaremos el debilitamiento de la dimensión ideológica del conflicto político, -aunque no de la controversia-que resaltó en el caso de los gobiernos del FMLN y de ARENA.

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