A través de la historia, la transformación progresiva de la producción agropecuaria tiene como base la lucha por la tierra. Ésta trata de cambiar radicalmente la estructura productiva; en consecuencia la cuestión agraria es trascendental en la convivencia de la humanidad y fue asumida por los clásicos de la lucha social.
En este contexto, la reforma agraria partió de ideas económicas liberales, como ventas voluntarias de tierras a los campesinos pobres; solamente en el siglo pasado se transformó en un concepto basado en la coerción del poder del Estado, se puede decir que es una tarea inconclusa del capitalismo. En consecuencia, corresponde al movimiento de las campesinas/os e indígenas colocar el problema en el centro de nuestra lucha contra el sistema imperante.
Reactivar una agricultura con las y los campesinos es vital para enfriar el planeta y de esta manera resolver el problema del hambre en el mundo. Estudios del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC Group), consideran que la agricultura campesina produce el 70 por ciento de los alimentos del mundo, en el 25 por ciento de la tierra, mientras que el agro negocio, para producir el 25 por ciento de la comida, recurre al 75 por ciento de la tierra.
Esta investigación desarma los mitos de la agricultura industrial y transgénica. El estudio asegura que, si los gobiernos quieren acabar con el hambre y frenar el cambio climático, deben aplicar políticas públicas para impulsar la agricultura campesina.

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