La humanidad, durante miles de años ha sido capaz de adaptar y domesticar semillas que han ido dando origen al arte del ser agricultor y agricultora. Pueblos enteros se han especializado en dicho arte para alimentar a sus habitantes y con el tiempo se han ido expandiendo tanto las semillas como el conocimiento para hacerlas más productivas. Y junto a ese noble trabajo, también se han domesticado animales para labrar la tierra; así las técnicas para la agricultura han sido desarrolladas, mejoradas y adaptadas a cada lugar.
Todo esto se ha realizado en armonía con la naturaleza, teniendo en cuenta la orientación con el sol y la luna para la siembra, y también en complementariedad con seres vivos, como por ejemplo las abejas, un ser que era y es algo esencial para la polinización. Así, los distintos pueblos celebraban el amor por la vida, agradeciendo a dioses y diosas por las buenas cosechas.
En la actualidad la relación con la vida se transforma, ya no hay mística, ahora todo es económico.
En los últimos 30 años, el avance tecnológico ha significado una cierta ventaja para la humanidad, porque se trata de mejorar y facilitar la producción agrícola; sin embargo, las nuevas tecnologías están en mano de grandes empresas transnacionales que han acumulado y concentrado la cadena de producción y distribución de alimentos en el mundo: una monopolización que se defiende bajo la publicidad de combatir el hambre en el mundo. Una gran mentira, aunque los medios masivos de comunicación no lo muestren, el hambre ha aumentado.

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