dimarts, 30 de juliol del 2019

Fuerza femenina: así enfrentan el bloqueo las comuneras venezolanas


“Parece un pesebre cuando cae la noche, vieras cómo se prenden todos los bombillos”, dice un comunero desde el techo de una casa sin terminar en el barrio La Libertad, al sur de Caracas. En ese punto se encuentran los cerros de los humildes con las montañas verdes, es el final de la ciudad, la frontera. Como de costumbre, la división geográfica es de clase y política: las alturas son de los sectores más humildes y en mayoría chavistas, las zonas bajas de clases medias bajas y generalmente opositoras.

En la parte baja está el epicentro comercial, el punto neurálgico es la redoma de Ruiz Pineda. Allí se consigue lo que haga falta, el problema, como en todo el país, son los precios. Hay bodegas, supermercados, almacenes, y un pasillo de una pequeña galería donde, desde hace un mes, se ha instalado la sede del Sistema de Iniciativa Económica Socialista Comunal.




Dentro del local están apilados bultos de harina de maíz, café, azúcar, sal, jabones azules, estantes con mantequillas y natillas. Queda poco, casi todo ha sido distribuido y están a la espera del próximo despacho. El anterior fue de 14 toneladas, este será más grande y con dos productos más: jabones de baño y harina de trigo.

“Uno de los planes es demostrar que el pueblo organizado, movilizado, consciente, puede combatir la guerra, aportar a preservar la revolución, construir con acciones concretas”, dice Yaritza Navarro, comunera, rodeada de varias mujeres.

El Sistema comenzó tres meses atrás. La necesidad fue anterior, desde que resultó evidente que uno de los problemas en los precios era la dimensión monopólica de varios productos, la cadena de intermediarios y la especulación de muchos comerciantes. La pregunta siempre fue cómo transformar el diagnóstico en actos.

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