Vastos depósitos de metano, un gas de efecto invernadero 30 veces más potente que el dióxido de carbono, se encuentran bajo el permafrost y a medida que las temperaturas globales aumentan y el permafrost se deshace, podría esparcirse y acelerar el ritmo del cambio climático.
La incertidumbre pone de manifiesto el mayor problema al tratar de entender qué impacto tendrá el cambio climático en el permafrost ártico y qué efecto tendrá el deshielo del permafrost en el cambio climático, los científicos todavía no tienen datos suficientes para hacer predicciones válidas.
“El gran desafío es que no tenemos estimaciones del tamaño de estos o cuáles son particularmente vulnerables a la desestabilización. Es algo que todavía queda por determinar. La última vez que sucedió, el cambio climático fue tan grande que causó el fin de la era de hielo. Una vez que ese proceso geológico comienza, no podremos detenerlo”, advirtió Stott.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, está convocando a todos los gobiernos del planeta a la Acción Climática urgente. En tal sentido se requiere el apoyo de un informe científico medular sobre el ciclo del permafrost ártico, los hidratos de carbono en el Ártico y los reservorios de carbono en los océanos.

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