Los máximos dirigentes de Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Italia, Francia y Reino Unido se encontrarán en Biarritz para perfilar una agenda que imponer al mundo. El modelo que defienden merece una respuesta en términos constructivos, que sea capaz de demostrar que otro mundo es posible.
Lo que a partir del 24 de agosto ocurrirá en Biarritz está acaparando una deficitaria atención mediática y pocas personas conocen lo que allí, y en esas fechas, va a celebrarse. A salvo de la expectación y alarma que estamos consiguiendo generar desde el movimiento popular gracias al esfuerzo de muchas volcadas en denunciar lo que un año más va a suceder esta vez en la ciudad de Iparralde, el silencio conscientemente generado por el sistema es descomunal. Y las pocas informaciones sacadas a la luz, del todo distorsionadas.
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La manifestación contra el G20 en Hamburgo del pasado julio de 2017 derivó en importantes incidentes entre policía y manifestantes
La peligrosidad de esto anterior no es baladí, pues una vez las siete potencias económicas occidentales se reúnan y den rienda suelta a su ingeniería neoliberal, nadie podrá ya escapar de sus consecuencias ni, por supuesto, a nadie serán indiferentes. Los máximos dirigentes de Estados Unidos, Canadá, Japón, Alemania, Italia, Francia y Reino Unido – acompañados de una representación de la Unión Europea y otros “invitados” como África o el presidente del país anfitrión – se encontrarán en Biarritz para perfilar y pulir una agenda que imponer al mundo centrada en garantizar y aumentar los beneficios de las grandes empresas transnacionales y sus expolios de lo común y público así como en la búsqueda de nuevos nichos que explotar para continuar perpetuando los privilegios de los que gozan las élites en detrimento de la mayoría social.
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