Resurge la esperanza de reconstruir la integración latinoamericana, basada en un eje movilizador entre Ciudad de México y Buenos Aires, con la decisión del presidente Andrés Manuel López Obrador de volver la mirada al sur y la expectativa del gobierno de Alfredo Fernández y de su visión geopolítica puesta en la región y no en el Norte.
Si la elección de López Obrador fue un tsunami, la de Fernández también será un cimbronazo, por sus efectos en una región que se está moviendo y donde la derecha y sus medios hegemónicos se apresuraron demasiado a hablar del fin del ciclo progresista. Fernández ofreció algunas interesantes definiciones sobre integración desde Argentina y durante sus visitas a varios países y también al expresidente Lula, en la cárcel.
“La región tiene que volver a unirse. Frente a un mundo que se globaliza, nosotros vamos a tener que enfrentar ese desafío y es mucho más fácil enfrentarlo si estamos unidos que separados (…) Lo que pasó en los últimos tiempos es que como consecuencia de la ruptura de Unasur, la poca importancia que el dieron Brasil y Argentina al Mercosur”, señaló el –seguramente-próximo presidente argentino.
Para Fernández es imprescindible “volver a vincularnos, con todos y más allá de la situación interna de cada país n acuerdo de intereses de la región, con prescindencias de la ideología de los partidos de los gobiernos de turno, y ayudar a los venezolanos en encontrar una solución para su país. La solución no es la intervención, sino ayudar a que Venezuela encuentre esa solución.”
La cancillería mexicana sorprendió al afirmar que está dispuesta a asumir la presidencia de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (Celac) el año próximo, para poner a funcionar el organismo de 33 países de la región –sin Estados Unidos ni Canadá—, que los gobiernos de derecha, asumiendo la estrategia de Washington, quieren congelar, desarticular, invisibilizar.

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