Un grupo de chavales carga con un sofá a cuestas en pleno centro de Barcelona. Van camino a una asamblea. A pocos metros otro canapé, con tres chicas apalancadas, preside uno de los accesos a plaza Universidad. A sus pies, en una estampa de videoclip trapero, un grafitti reza “Rosalía détéste la Police”. En otro acceso, “Temblad, esta vez no somos hippies” junto a un contenedor ardiendo y un hashtag #14O. El día de la sentencia.
Detrás suyo, una marea Quechua se extiende sobre el asfalto. Cerca de 400 tiendas. Ya son tantas como aquellas que en 2011 llenaron plaza Catalunya en aquello llamado 15M.
Alguna bandera de acogida a los refugiados e incluso alguna enseña de la Castilla comunera. Aunque algunos tuiteros de sofá digan lo contrario, diversas esteladas. Ceniceros do it yourself colgados de las farolas. “Fumar mata y contamina” alerta un escrito en rotulador. Otro cartel reza “follamos? Martillo, encuentra tu hoz”. En otro se recuerda: “Nada de alcohol pasadas las doce”. “Buch Dimissió, prou repressió” anuncia otra.
Estos chavales son los mismos que hace unas semanas encendieron la ciudad. Esa generación que ha crecido en el salvajismo de la crisis. Que vienen viendo como hay violencias, como las de las manadas, que no tienen condena, mientras expresiones políticas legitimas son perseguidas con escarnio. Que violencias cotidianas se repiten día tras día mientras la prensa señala la paja en ojo ajeno.
El combustible está ahí. Solo falta una nueva chispa. Que usen distintas tácticas no les hace necesariamente distintos. Cada uno toma el arma con la que se sienta más cómoda.
Como aquello del Tsunami, que parece seguir siendo el enemigo público número uno del estado. Y eso que solo ha convocado una sola acción. El ministro Marlaska promete que esta semana desvelaran quién hay detrás. Las redes lanzaban una porra. “El Equipo A” decía uno. “Susanna Griso” soltaba otro. “Copito de Nieve” un tercero. “Fijo que es el Pequeño Nicolás” otro.
Ahora el gran miedo es que prometen acciones en la jornada de reflexión. Y, claro, eso sí que no. El Gobierno alertando de la sacrosanta inviolabilidad de la jornada de reflexión. Por si acaso. Y, por si acaso, amenazando a Torra si no lo para. Como si fuera capaz de parar nada ese pobre hombre. Y los de Tsunami aclarando que no impedirán el derecho de voto a nadie. Por si acaso. Pero es que eso de la jornada de reflexión es muy importante, nos dicen los del PSOE. Lo dirán por aquello del Pásalo en aquél ya lejano 11M.
Y mientras, el rey llegando en avión a Barcelona. Para que su hija entregue hoy lunes los premios Fundación Princesa de Girona. Se ve que en toda la provincia ya no encontraron lugar para hacerlo, y se vinieron para la capital catalana. La Diagonal fortificada con vallas 24 horas antes para evitar cualquier susto, con un rey jugando al despiste para no encontrarse con la estampa. Ayer unas dos mil personas fueron a recibirlo cacerola en mano. Hoy se esperan nuevas movilizaciones para rechazar el monarca. Los aledaños del palacio de Congresos, tomados policialmente. Por si acaso. Extraño monarca, el que tiene que llegar a un trozo de su reino de tal guisa.

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