dijous, 7 de novembre del 2019

FILOSOFÍA: Urbanismo y participación ciudadana: haciéndole el juego al capital


En su libro Deseo de Multitud, Juan Manuel Aragüés se preguntaba “¿cómo hacer efectivo el kratos [la fuerza] del demos?”, a lo cual daba dos respuestas. 1. “Empoderando a ese demos, dándole los instrumentos para la toma de decisiones”, y aunque a algunos les pueda extrañar, 2. “Desde la conciencia de los límites de la participación política y social”.

Años atrás, el filósofo Slavoj Žižek afirmaba que dentro de esta complicada amalgama de políticas y dispositivos neoliberales en la que vivimos —que están específicamente diseñados para poner a trabajar la libertad misma de las personas en favor del capital—, existen ciertas ocasiones en las que es “mejor no hacer nada que implicarse en actos localizados cuya función última es hacer funcionar más suavemente el sistema”.




Desde nuestro punto de vista, uno de los principales ámbitos donde cobran un renovado interés ambas opiniones es el del urbanismo participativo. Ello se debe a que mientras que en las primeras décadas posteriores a 1945 la mayor parte del plusvalor capturado por el capital todavía provenía directamente del trabajo físico realizado en las fábricas, en la actualidad es generado mediante procesos de revalorización del espacio urbano que, económicamente hablando, son concebidos como una “externalidad”. Es decir, como algo que no depende directamente del trabajo realizado en el interior de las empresas que se benefician de dicha revalorización. No por nada el geógrafo marxista David Harvey afirmó hace ya tiempo que “las ciudades son empresas colaborativas a gran escala”, y el filósofo —también marxista— Antonio Negri lleva décadas recordándonos que “las metrópolis son las fábricas del siglo XXI”.

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