dissabte, 2 de novembre del 2019

IRAK: Pensamiento crítico. La prueba de un país no es el número de millonarios que tiene, sino la ausencia de hambre entre sus masas


La joven camina por la carretera. Lleva la bandera iraquí. Ella quiere vivir en un país donde sus aspiraciones puedan ser alcanzadas y no sofocadas por los desechos de la trágica historia de Irak. El sonido de los disparos es familiar; ha regresado a la ciudad, con las balas volando hacia lxs manifestantes. El poeta Kadhem Khanjar, miembro de la Milicia de la Cultura, captura la esencia de lo que está sucediendo y lo lleva a Facebook:

Así es como sencillamente morimos.

Personas sencillas matan a personas sencillas.




Al borde de la esperanza se encuentran los disparos de lo que Frantz Fanon llamó “el viejo pedestal de granito sobre el que descansa la nación”. En el momento de la protesta, cuando comienzan los disparos, llega la claridad. No debiéramos ser ingenuos sobre el carácter de la elite, cuyas sonrisas camuflan las instrucciones dadas a regañadientes a los esbirros, sus “hombres sencillos” listos para matar a “personas sencillas”. En el mejor caso, el “pedestal de granito” se encoge, reordena su gabinete, ofrece reformas modestas; en el peor, los soldados —cuyas caras están cubiertas para impedir que se vean sus lágrimas— disparan a sus familiares.

A lo lejos, en Londres, París, Frankfurt y Washington, DC, las elites olisquean, se cepillan la caspa de sus hombros. “No somos como ellos”, dicen las elites de Santiago y Bagdad, aunque todxs saben que son idénticas, pues no hace mucho mandaron a sus robocops a humillar a los chalecos amarillos y al movimiento Occupy Wall Street.

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