Chile vivía desde octubre en una gran revuelta social y popular, con manifestaciones masivas contra el régimen político, el neoliberalismo y contra las fuertes desigualdades en las que está inmerso el país. Ese proceso de rebelión consiguió lo que se podía interpretar como una concesión del gobierno del multimillonario Sebastián Piñera, al mismo tiempo que como un intento de recuperar el poder político: la convocatoria de un referéndum el 26 abril para decidir si se cambiaba o no la Constitución, heredada, no hay que olvidarlo, de la dictadura de Pinochet. Con la propagación de la pandemia el referéndum ha sido pospuesto hasta el mes de octubre. Y como en el resto del mundo, las medidas de confinamiento y los riesgos de contagio han paralizado las manifestaciones y protestas que se venían desarrollando.
El Covid-19 llegó a Santiago a través de las personas más ricas provenientes de distintos países de Europa, China o de viajes en crucero. Proporcionalmente, Chile es el país más afectado por la epidemia de toda América Latina; sin embargo, su tasa de mortalidad es inferior a la de Ecuador. Es de dominio público el no respeto del confinamiento por parte, sobre todo, de las familias acomodadas que viajan entre sus residencias principales y secundarias. Esto ha llevado incluso a la organización de protestas y de la acción directa a través de barricadas: los habitantes de los pueblos balnearios buscan de ese modo impedir la llega de los miembros de la burguesía capitalina a sus zonas veraniegas. Durante el fin de semana de Pascua, algunos miembros de la gran patronal, para evitar los controles policiales han llevado hasta el absurdo el escapar del confinamiento, ¡viajando en helicóptero a sus mansiones veraniegas de la costa!

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada