Cuando la primera oleada de COVID-19 se aleje, ¿nos relajaremos aliviados olvidando que probablemente este mismo virus u otros peores volverán en algún momento a amenazarnos, o empezaremos a formar a la población para que sepa cómo actuar la próxima vez? ¿Se diseñarán protocolos para que en cada sector productivo sepan lo que hay que hacer cuando ocurra algo parecido?
¿Se asumirá por fin que una asistencia sanitaria universal y gratuita, que incluya a las personas sin recursos y a quienes están en situación irregular, es la manera más eficaz de proteger a toda la población de pandemias como la que vivimos?
¿En adelante nos lavaremos a menudo las manos con jabón y nos pondremos mascarilla cuando notemos síntomas de gripe o volveremos a dejar que mueran miles de personas ancianas o inmunodeprimidas porque la gripe no nos asusta como el coronavirus y además pensamos que nosotras no vamos a morir de eso?
¿Seguiremos creyendo que progreso y bienestar equivalen a gastar el dinero público en trenes de alta velocidad, puertos deportivos y autopistas de dudosa utilidad, o entenderemos la urgencia de revertir el austericidio que han sufrido desde hace más de diez años los servicios sanitarios, las prestaciones sociales, la educación y la investigación científica, cuyo tremendo deterioro ha dejado en evidencia la crisis del COVID-19?
¿Valoraremos la importancia real de las labores de cuidado, remuneradas o no? ¿Entenderemos que son mucho más importantes para nuestra calidad de vida que lo lejos que vayamos de vacaciones? ¿Sobrevivirán esas redes de voluntariado y de apoyo vecinal mutuo nacidas al calor del confinamiento o serán barridas por la lógica del beneficio económico?
¿Nos cuestionaremos nuestro modelo de ciudad, de vivienda, de trabajo, de transporte y de relaciones ahora que sabemos lo vulnerable que es nuestro cacareado bienestar? ¿Trataremos de construir entornos urbanos más amigables y verdes tras descubrir lo duro que es estar confinados en una jaula de hormigón? ¿Impulsaremos la agricultura urbana y periurbana para asegurarnos un mínimo de alimentos frescos (y un ocio saludable) incluso en condiciones más duras que las presentes?
¿Continuaremos despilfarrando plástico en gilipolleces de un solo uso...
Continuaremos...

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada