Son tiempos turbulentos, y qué duda cabe, que toda la crisis pandémica que estamos padeciendo, va a traer cambios sociales, económicos y políticos sin precedentes. Pero si hay algo que nos ha enseñado la historia, es que ningún modelo económico es perfecto, y todos son caducos.
El modelo económico tal como lo conocemos está agotado. Lleva así desde el 2008—2009, pero se ha mantenido a través de estímulos monetarios, a través de bancos centrales para pagar la deuda anterior, lo cual implica la creación de mucha más deuda. Debido a ello, los países están obligados a crecer lo suficiente para pagar los intereses de la deuda.
Hay un problema, los recursos energéticos fósiles no son renovables, y se agotan progresivamente. Por tanto, cada vez es más complicado mantener los niveles de crecimiento.Esta restricción energética explica el continuo ajuste bajista entre la oferta y demanda de recursos energéticos fósiles, que se manifiesta de forma obvia a través de la volatilidad y disminución de sus precios en los últimos tiempos (mercados de futuros), hasta el desplome actual. Eso puede explicar la situación en Bolivia (por el litio), caos en Chile (cobre), Ecuador (petróleo), embargos a Venezuela e Irán (petróleo), chalecos amarillos en Francia (más petróleo), o una escalada de tensión en la geopolítica global
Por norma general se tiende a hablar de las reservas de petróleo desde un punto de vista volumétrico, sobreentendiendo que todos esos volúmenes tienen la misma calidad, pero no es cierto. De hecho, los retornos energéticos son variables si se refieren a un tipo de crudo u otro, o si son producidos desde distintas ubicaciones. Como sea, van decreciendo de manera significativa a lo largo de la serie histórica y por tanto resultan muchísimo menos rentables para sus productores.
Se puede entender que el modelo económico actual se está acabando, lo que llevará a un ¨decrecimiento forzado¨
Generar más estímulos monetarios por parte de bancos centrales y más monetización de deuda para crear más deuda, no reanima nada
No queda otra alternativa que incentivar la demanda y oferta agregada de la economía, y los bancos centrales deberían liderar la financiación de la misma de forma directa, ya que no hay margen fiscal, ni de apalancamiento para medidas económicas ortodoxas

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