Los virus a los que tanto tememos han estado en nuestro planeta antes que los humanos y cumplen importantes funciones reguladoras en nuestro ecosistema, pero la desconexión que vivimos con la naturaleza nos ha llevado a pensar que son el enemigo. ¿Puede un virus, una extraña forma parasitaria, dar un vuelco a nuestra humanidad y ayudarnos a reconectar con nuestro entorno? ¿Qué podemos aprender de aquellas formas de vida invisibles?
Desde tiempos ancestrales, nuestra cultura se ha volcado al cielo en busca de respuestas y la ciencia ha observado constelaciones y planetas para explicar la existencia humana. Pero actualmente la pandemia provocada por un virus, un agente microscópico acelular, nos obliga a mirar nuestro entorno y cuestionarnos qué tan relacionados estamos con el medio que habitamos.
“No es casual que el deterioro ambiental esté generando nuevas enfermedades”, afirma Cristina Dorador. Los virus y las formas de vida microbianas han estado presentes desde el origen de la Tierra y en la historia humana ha habido muchas pandemias que han sido ocasionadas por microorganismos que crecen indiscriminadamente.
Desde la ciencia, hace varios años que se estudia cómo la invasión a bosques tropicales y otros paisajes salvajes que albergan animales y plantas con virus desconocidos son causantes de pandemias como la que enfrentamos actualmente. “Cortamos los árboles, matamos a los animales o los enjaulamos y los enviamos a los mercados. Interrumpimos los ecosistemas y liberamos los virus de sus anfitriones naturales. Cuando eso sucede, necesitan un nuevo host. Y a menudo, lo somos nosotros”, explicaba en enero de este año David Quammen, autor de Spillover: Animal Infections and the Next Pandemic en una columna de The New York Times.
Para este momento, María pide humildad. “Humildad de sentir que no somos superior a nadie. Es importante aprender a vivir en calma y en silencio, para así interpretar los mensajes de la tierra”.

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