dijous, 14 de maig del 2020

La violencia en la caída de las civilizaciones, lleva a un nuevo planteo


Desde los origenes de la humanidad, las civilizaciones han surgido y han desaparecido en la historia y en la memoria de los hombres, nos quedan restos materiales e historias de imperios y masacres, de evolución y disolución de religiones y creencias, ocasionalmente atisbos de momentos humanistas, también de violencia en todos los campos.

La violencia como expresión de un modelo que se acaba, de un estado que no responde a las necesidades de su pueblo, o de una civilización que se derrumba y lleva en su caída a un gran conjunto humano, es un proceso histórico largo que genera al final un sistema cerrado en el cual no queda otra alternativa que la desestructuración de un mundo que ya no da respuestas.




Si hay intención de modificar el proceso mecánico de las estructuras históricas, es cuando surge la pregunta ¿cómo el ser humano puede cambiar la dirección de los acontecimientos? Si los pueblos no comprenden el viejo lema, “que no habrá progreso sino es de todos y para todos”, no podremos avanzar ya que en la última etapa de la caída de una civilización llamada “los tiempos revueltos” incluye guerras internas como externas (políticas, económicas, sociales, de estado), desaparición de pueblos y culturas, desplazamientos o migraciones forzadas o voluntarias, con la consiguiente pérdida de unidad social.

La crisis actual se propaga en todas las direcciones del planeta, avanzamos hacia una nueva organización donde el planteo más importante es saber si queremos vivir y en qué condiciones. Todo lo que hemos creído hasta hoy se deberá revisar, para que los nuevos proyectos tengan la comprensión de lo humano, y es ahí donde un nuevo Humanismo se abrirá paso en la historia. No puede haber Humanismo cuando se ponga algún valor por encima del ser humano, porque no se puede llegar al ser humano desde otro punto de arranque que no sea el ser humano

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