dissabte, 20 de juny del 2020

El Salvador: la CIA, el FBI y la masacre de jesuitas


La Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos tenían documentos y soportes gráficos y de audio sobre la matanza en noviembre de 1989 de seis sacerdotes jesuitas, entre ellos el fundador de la Teología de la Liberación, Ignacio Ellacuría, y dos empleadas domésticas de Universidad Centroamericana, en El Salvador, pero se negaron a dar información.

Esta acusación quedó confirmada tras los relatos de testigos durante la tercera sesión del juicio en la Audiencia Nacional de España contra Orlando Montano, ex viceministro de Seguridad Pública y coronel de las fuerzas armadas de El Salvador,  único imputado del caso, que fue extraditado a España.España envía representación oficial a El Salvador por el 30º ...

Los otros 20 acusados fueron protegidos por el Estado salvadoreño. Montano es señalado como uno de los autores intelectuales del asesinato los jesuitas, cinco de ellos españoles.




La madrugada del 16 de noviembre de 1989, la sangre salpicó las paredes y los patios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas  en la capital de El Salvador. Los cuerpos fueron minuciosamente masacrados, tiro a tiro. Las marcas del ataque quedaron estampadas en huecos profundos en las fachadas.

Los cadáveres de seis curas jesuitas y de dos mujeres, la cocinera de la residencia y su hija de 16 años, quedaron envueltos en sangre, bocabajo, en los cuartos o en el jardín. «Sus rostros y cerebros fueron despedazados como animales que se destazan sin piedad», recordó el portal oficial de los jesuitas para América Latina.



Como está resumido en el reporte de la Comisión de Verdad, el Coronel Ponce, en la presencia del General Juan Rafael Bustillo, los coroneles Orlando Zepeda, Inocente Montano y  Francisco Elena Fuentes, ordenó al coronel Guillermo Benavides que matara al padre Ellacuría y que no dejara testigos.  Esa misma noche, Benavides le ordenó a Espinoza que llevara a cabo la misión y no dejara testigos.

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