En Chile el ministro de educación no es profesor, el ministro de salud fue expulsado del colegio médico. La ministra del trabajo es directora de una AFP (Hábitat) y el presidente fue declarado reo por desfalco de un banco. Me pregunto ¿qué podría salir mal en un país en pandemia? (Viral en redes sociales)
Uno de los principales argumentos que exponen la institucionalidad gobernante y los medios de comunicación masiva en Chile, es que el fracaso estrepitoso de las estrategias de contención del Covid-19, se debe a que la población chilena no estaría acatando las medidas de confinamiento establecidas por la autoridad.
Desde estas instancias argumentan la “irresponsabilidad, terquedad, obstinación y lo poco empática y solidaria” que sería la población, pero no reparan en que para confinarse se deben tener los medios para subsistir. Asunto que resulta, al menos, poco probable, en un país donde, según datos objetivos de la Fundación Sol, el 38,9% de los asalariados no tiene contrato de trabajo, en su mayoría no cuentan con formación especializada y realizan trabajos informales.
Más del 50% de los asalariados en Chile gana menos de 500 dólares americanos al mes, lo que obliga a más del 30% de los adultos mayores a tener que prolongar su vida laboral en empleos precarios e indignos. Pero quizás el dato más notable, es que en un país que reporta una población cercana a los 18 millones, 11,5 millones de sus habitantes están endeudados.
Ante el peso de estos argumentos, difícilmente, un gran porcentaje de la población chilena podría quedarse en casa, sin correr el riesgo de morir de hambre. A lo anterior, se debe sumar un antecedente de orden subjetivo, pero que es igual de potente para entender por qué la población no acata las disposiciones de las autoridades. Y este viene dado porque en Chile no hay autoridad legitimada. Al menos, no en la clase gobernante.
Tras lo expuesto, cabe una reflexión final. En este momento, en la realidad chilena, la clase política, las autoridades y la institucionalidad gobernante en general, representan el principal agente de propagación de la pandemia del Covid-19. Esto, pues son ellos quienes no son garantía de confiabilidad para la gran mayoría de la población.

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