divendres, 19 de juny del 2020

Trump quiere más pruebas nucleares


Mientras ignora la mortandad de la pandemia y las heridas abiertas del racismo, fantasea con la hegemonía militar definitiva, pretendiendo imponer al planeta el desvarío y el veneno de su poder. Los signos de inquietud se multiplican: el pasado 22 de mayo, el diario Washington Post revelaba que el gobierno Trump había discutido la posibilidad de volver a realizar pruebas nucleares.

Hace casi treinta años que las grandes potencias se abstienen de hacerlas. Estados Unidos hizo su último ensayo nuclear en Nevada, en 1992, y tanto Rusia como China se han abstenido también de hacerlos desde entonces. Aunque el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares, CTBT, no está en vigor (firmado en 1996, lo hará cuando sea ratificado por cuarenta y cuatro países, entre los que faltan Estados Unidos y China), las grandes potencias han observado hasta hoy una moratoria de pruebas nucleares. Pero el CTBT está en peligro: Obama apoyaba ratificarlo, aunque no lo hizo, y el tratado recibió un golpe demoledor cuando el gobierno Trump mantuvo, en la doctrina nuclear aprobada en 2018, que no lo ratificaría.




Aunque Estados Unidos tiene la capacidad de realizar simulaciones informáticas de experimentos nucleares, los sectores más duros de Washington presionan para volver a realizarlos, aduciendo, pese a la falta de pruebas, que tanto Rusia como China hacen ensayos de baja intensidad, y que, además, una explosión atómica norteamericana forzaría a China a negociar, como si ese fuera el principal peligro y no la destrucción sistemática de los tratados internacionales que lleva a cabo Estados Unidos.

China dispone de un arsenal nuclear mucho más reducido que los de Estados Unidos y Rusia, menor que el de Francia y similar al de Gran Bretaña. Sin embargo, sectores del Pentágono y del Departamento de Estado creen, con aplastante lógica, que la realización de pruebas nucleares estadounidenses abriría el camino a que otros países también lo hiciesen.


Para justificar la nueva postura estadounidense, el Departamento de Estado acusó en abril a China de realizar pruebas nucleares secretas en el desierto de Lop Nor, Xinjiang, violando el CTBT, aunque ninguna estación de control registró esas supuestas explosiones y Pekín negó con rotundidad su realización, manteniendo que la prohibición de ensayos es, de hecho, una obligación y una norma para todos los países del mundo. Estados Unidos acusó también a Rusia de hacer ensayos nucleares y, con relación al Tratado de Cielos Abiertos, Mark Esper, jefe del Pentágono, afirmó que Rusia “hace trampas desde hace muchos años”, sin que tampoco aportase ninguna prueba.

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