La sangrienta represión contra las protestas callejeras que no amainan desde abril en Managua y otras ciudades de Nicaragua, con un saldo hasta ahora de 131 personas muertas, enturbian cada día que pasa la situación económica y social de este país centroamericano.
Las protestas, lejos de debilitarse con el uso de la fuerza pública y la organización de fuerzas irregulares progubernamentales, se han multiplicado en todo el país y paraliza zonas productivas, el tráfico nacional e internacional de mercancías y el comercio formal e informal.
Por un lado, explicó, la protesta social desnudó las características autoritarias y represivas del régimen y debilitó todavía más el liderazgo de “hombre fuerte” del presidente Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo.
En contrapartida, dijo, el gobernante del izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional, en el poder desde 2007, mantiene un sólido apoyo de las instituciones y fuerzas fácticas que le aseguran su permanencia en el poder.

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