La última descarga de la crisis en el sur de Europa se produce entre millones de ciudadanos “hartos de ser españoles”, pero también entre jóvenes catalanes condenados a un presente de precariedad. La Marca España se ha visto incapaz de contener la rabia y el desengaño de una generación condenada a la precariedad y a la falta de diálogo sobre la plurinacionalidad
Pocas horas después de lanzarlo, España Global —el artefacto político-propagandístico antes conocido como Marca España— se veía obligada a retirar de circulación un vídeo animado con el que pretendía defender, de cara a la opinión pública internacional, la sentencia del Tribunal Supremo sobre los hechos del 1 de octubre de 2017. Al margen de la imagen de un trasunto de Oriol Junqueras disfrazado de ‘caco’, el vídeo, publicado el 23 de octubre, concluía con un mensaje con subtexto desesperado: “In Spain there is justice. In Spain democracy works” (En España hay justicia. En España la democracia funciona). Simbólicamente, un vídeo realizado para explicar que todo va como tiene que ir en España fue retirado porque “hería sensibilidades”.
Las imágenes de represión durante la tercera semana de octubre son una ruptura con el imaginario de un país feliz y moderno que fue diseñado para “impresionar al mundo” en la fecha clave de 1992, en Barcelona, y de la mano del abanderado de la selección olímpica, el hoy rey Felipe VI. Los esfuerzos de los deportistas Marca España se topan con la difusión viral de imágenes de policías y mossos cargando contra masas o individuos aislados. “Everybody’s land”, la campaña publicitaria diseñada por España Global para atenuar el impacto de la sentencia del Tribunal Supremo, contrasta con la evidencia de que el delito de sedición encaja como un zapato en una tubería en el ordenamiento jurídico internacional y con el hecho de que al Supremo le será difícil defender en Estrasburgo aspectos como la condena a nueve años de cárcel por la convocatoria de una manifestación pacífica.

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